El artesano · Mburucuyá, Corrientes
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Todo empezó con el fuego. En Mburucuyá, un pueblo de la provincia de Corrientes donde el monte y el trabajo de la tierra marcan el ritmo de los días, Marcelo Gastón Pérez encontró en el yunque una forma de decir quién era.
Lo que arrancó como curiosidad —recuperar una vieja hoja, ponerle un cabo de madera, devolverle el filo— se volvió oficio. Cada intento enseñaba algo: cómo escucha el acero cuando llega a punto, cuándo la brasa está lista, por qué una buena empuñadura se siente en la mano antes que en los ojos.
En el taller no hay atajos. La barra se calienta, se martilla, se templa y se afila a mano. La madera se elige de a una, se lija y se aceita hasta que el cabo se vuelve parte del cuchillo y no un simple agregado. El resultado es una pieza única: no hay dos iguales, porque no hay dos manos iguales que las hagan.
El cuchillo criollo es parte de la cultura del Litoral: el del asado, el del trabajo rural, el que se hereda. MGP se para sobre esa tradición y la lleva hacia adelante, combinando las formas de siempre con aceros modernos y terminaciones cuidadas para quienes valoran lo hecho a mano.
Cada cuchillo que sale del taller lleva la marca MGP y una historia adentro. Se hacen por encargo, de a uno, para que la pieza sea tan del que la usa como del que la forjó.
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